¿Qué me está pasando? Una pregunta que los Padres deberían poder responder.
Es la pregunta que al igual que Jane se hacen a diario miles de niñas adolescentes después de haber cumplido los 11 años. Hoy ella cuenta con 16 años y es una adolescente que ha comprendido, gracias a la dirección de sus padres, que los cambios ocurridos en su cuerpo y en su modo de pensar y actuar, fueron debido al llamado de la naturaleza, al desarrollo evolutivo del ser humano de la niñez, pasando por la pubertad, hasta alcanzar la adolescencia. Su responsabilidad consistirá en encontrar su identidad y formarse una personalidad que le servirá de base para alcanzar la madurez.
La adolescencia es la etapa que supone la transición entre la infancia y la edad adulta. Este periodo de la vida se identifica con cambios dramáticos en el cuerpo y la psicología, como los que tuvieron lugar en el cuerpo de Jane. En esta etapa de la vida se suelen dar una serie de cambios no sólo a nivel físico, sino también a nivel emocional, social y del desarrollo intelectual. Es un período en el que comienza a experimentarse e incorporarse cambios interiores, búsqueda de la identidad; cambios exteriores, desarrollo sexual; etapa de intercambio con el medio que los rodea.
La adolescencia suele ser dividida en tres etapas que conllevan sus propios cambios físicos, emocionales, psicológicos y de comportamiento. El desarrollo vivido por Jane entre los 8 y 16 años no estaba solamente determinado por el crecimiento y los cambios biológicos que experimentó su cuerpo, sino también por su propio temperamento y personalidad, por las expectativas puestas en ellos con los que convive, y por las influencias sociales.
La primera etapa de la adolescencia de Jane, conocida como la pre-adolescencia o pubertad, dio origen al crecimiento acelerado de su cuerpo, marcado por el ensanchamiento de sus caderas, el crecimiento desigual de sus huesos y órganos, el interés por aprender habilidades de vida, un sentimiento egocéntrico, un mayor afán de hacer planes y cumplir objetivos, una relación de afecto y dependencia de ambos padres, además de inclinarse a tener menos amigas más íntimas que niños. Es en esta etapa que se inicia la maduración sexual con la acumulación de tejido adiposo alrededor de los pezones, formando pequeños brotes de senos, aunado esto a la aparición del vello púbico y el desarrollo de sus órganos sexuales.
La segunda etapa de la adolescencia en la vida de Jane se caracterizó por la aparición de la menarquía: el momento de su primera menstruación, y por la conclusión del desarrollo sexual, marcados por desarrollo final de los senos y la aparición del vello axilar. Llegada la pubertad en esta etapa Jane aumenta su apetito, duerme más de lo debido y comienza a preocuparse por el incremento del peso corporal, la piel, la altura y el aspecto físico en general. Sin embargo, el cambio más impactante que experimenta en esta etapa y que la confunde es el deseo sexual por adolescentes del sexo opuesto. Es en este momento, que los padres de Jane juegan un papel fundamental en su vida, dándole luces y guiándola a través de esta transición de manera objetiva, para así evitar consecuencias irreparables tales como el embarazo precoz o, en el peor de los casos, contagiarse de una enfermedad de transmisión sexual (ETS).
Finalmente, Jane ha alcanzado la tercera etapa de su adolescencia y conforme vaya avanzando en la misma adquirirá mayor homogeneidad entre sus compañeros; mayor capacidad para pensar de forma abstracta e hipotética sobre el presente y el futuro; menos egocentrismo y mayor énfasis sobre valores abstractos y principios morales; formará su propia identidad; vulnerabilidad ante posibles preocupaciones, depresiones y trastornos como la anorexia; los conflictos con sus padres serán menos y se dará mayor respeto a ellos, comprendiendo que sus opiniones se basan en los valores; las amistades con chicos será más frecuente y la influencia de los amigos seguirá siendo clave en el desarrollo personal de su identidad propia.
Sabemos que la adolescencia puede ser un período de prueba tanto para los hijos que la sufren como para los padres que viven con ellos, el hogar no debe convertirse en un campo de batalla si los padres y los hijos hacen un esfuerzo especial por entenderse unos a otros. La comunicación constante que existió entre Jane y sus padres, desde su niñez hasta su adolescencia, fue factor determinante en su Desarrollo Personal y Social, que hoy día le ha brindado las bases necesarias para iniciar su camino hacia la madurez.
Y pensar que todo inicia en la pre-adolescencia con la formulación de una simple pregunta ¿Qué me está pasando? y la esperanza de los adolescentes de obtener una respuesta, por parte de los Padres, respuesta que en muchas ocasiones nunca llega.
Lic. HAROLD MELHADO.
Junio de 2010